¿Por qué no hay moscas en invierno?
Estos días estamos aprovechando para observar con más detenimiento los animales propios de cada estación. Por ahora nos dedicamos a las abejas, que ya llevan unas cuantas semanas visitándonos en la terraza.
(Aquí está el resultado de una de nuestras primeras actividades sobre este tema.)
Hemos aprendido que las abejas no viven en familias iguales a las de las personas, sino que se organizan en colonias. Muchísimas abejas viven en la misma colmena.

Con estos hexágonos intentaremos reaprovechar para este verano una colcha vieja y bastante manchada. Ya veremos qué tal.
Dentro de cada colmena, hay una sola abeja reina, que no es la que manda siempre sino la que pone todos los huevos; para esto se sirve de la ayuda de los zánganos.
El resto de abejas de la colonia son las obreras o trabajadoras. Ellas se ocupan de recoger el polen de las flores, que regurgitarán al llegar de vuelta a casa, de alimentar a las larvas, de fabricar la cera para formar las celdillas, esas habitacioncitas de forma hexagonal en las que guardan los huevos.


Como no disponíamos de un molde hexagonal, usamos este del octógono (aprovechamos para notar la diferencia). En principio nos servirán como pesos para el mantel de la mesita de cámping, que siempre se vuela; o para colocar encima velitas de té, que también se hacen con la cera de las abejas, o ¡quién sabe para qué!
Es cierto que las abejas pueden picarnos con su aguijón, pero solo si se sienten agredidas. También hay que saber que cuando una abeja obrera clava su aguijón, ya no puede recuperarlo y morirá al poco tiempo. Así que las abejas pican para defenderse; si no las atacamos, seguirán entregadas a su estupendo trabajo de fabricar miel y cera, de las que luego nosotros nos aprovechamos bien.
Las personas que se encargan de tratar con las abejas son los apicultores. Para poder acercarse a un enjambre sin salir perjudicados, tienen que vestirse de un modo algo peculiar: suelen ir completamente de blanco y con un sombrero especial, con una tela que les protege la cara.
El nuestro no salió especialmente bien, pero valió para hacerse a la idea.
Ah, y no son lo mismo una abeja que una avispa. Las abejas son las que fabrican la miel; las avispas viven de comer otros animalillos menores y no producen nada de nada.
En Jerez de la Frontera hay un museo de las abejas, con unas visitas guiadas bastante apetitosas para quienes les pille cerca.
Además, paseando por la red hemos descubierto que las flores están tan contentas de que las abejas chupen su néctar, que incluso han desarrollado unas rugosidades especiales para que puedan apoyar bien las patas mientras comen. Se puede leer el artículo completo aquí.