El otro sábado fuimos al parque de la Sierra de Castril, en Granada. Fue una excursión de suerte doble: primero porque nos hizo muy buen día, así que pudimos comer al aire libre, al ladito del río; segundo, porque dio la casualidad de que una ganadería bajaba de lo alto de la Sierra al pueblo (a pasar controles de sanidad) y Micaela pudo ver las vacas y los caballos desde cerquita, cerquita. En realidad, la subimos al techo del coche para que se sintiera un poco menos pequeña…
Le gustaron mucho unos terneros que iban pegados a sus madres, con esos ojos tan redondos y tan de susto. Fue bonito, también, ver el manejo tradicional de las reses, a caballo y con garrocha. Hasta entonces, solo lo habíamos visto en alguna exhibición ecuestre. Pero para Micaela, lo más raro de todo el día fue que las vacas llevaran ¡«itiquetas» en la oreja!

(He tomado la imagen de flickr.)