El otro día, gracias a las prisas, dimos con una solución muy divertida para una cena rápida, pero sana; sin tener que recurrir a los platos precocinados.
Se trata de cortar una salchicha alemana, de las más gruesas (tres o cuatro dedos de diámetro), en rodajitas bastante finas y sin haberle quitado la piel. Al freírlas, la piel se encoge y se forma una especie de conchita o cuenco muy pequeño. Mientras las tenemos en la sartén, sacamos del congelador una ración de puré de patata que había sobrado otro día y la vamos descongelando en el microondas. Cuando ya están todas las rodajas de salchicha cocidas, las rellenamos con una cucharadita de puré cada una, y podemos adornarlas, si nos gusta, con una gotita de ketchup en la punta.
A Micaela le resultó un plato muy divertido y fácil de comer. Y aunque lo de rellenar las conchitas parezca un poco pesado, en realidad no se lleva más de dos minutos, si no tenemos que preparar cantidades para un regimiento, claro.
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