Nos bajamos de la montaña rusa que ha sido, a ratos, este año: todo muy rápido, ahora hacia aquí, luego hacia el otro lado, arriba, muy muy abajo de repente… ¡Agotador! Por eso esta vez hemos preferido una celebración que fuera, por encima de todo, tranquila. Una cena con pizza casera, globos que petar para marcar las campanadas y un poco de confeti. Tuvimos nuestra ración de juerga en Navidad y, según parece, este año los Reyes también se encargarán de darnos una fiesta sonada.

Esperemos que 2009 venga lleno de emociones, pero que no se ensañe tanto con nuestros estómagos, cual brutal conductor en carretera de curvas.