Durante una visita al Cosmocaixa de Barcelona, aprendimos que al principio de todo el mundo era una especie de “sopa de vida” y que, poco a poco, fueron desarrollándose formas de vida más complejas y de mayor tamaño. Las hubo tan grandes como los dinosaurios.
La exposición no estaba pensada para niños, pero aun así le sacamos algo de provecho: un primer contacto con los orígenes de la vida y algunas cuestiones puntuales, como por ejemplo que cuando se empezaron a secar los ríos, a los peces las aletas se les convirtieron en patas de tanto escarbar en la tierra para encontrar agua.
A la salida, en la tienda del museo, compramos un juego para hacer broches o imanes con forma de dinosaurio. Incluye la pasta, un plástico con los moldes, imperdibles, imanes y las pinturitas.

El resultado me pareció mejor de lo esperable.

Al volver a casa, sacamos de la librería la Enciclopedia prehistórica de los dinosaurios de R. Sabuda y M. Reinhart. Es un libro lleno de pop-ups, con solapas desplegables y unas explicaciones para niños bastante mayores que Micaela, pero yo las adapto conforme las leemos. A ella, como cabe esperar, lo que más la atrae son los desplegables.


