Ayer por la tarde salimos un rato a pasear, después de que cayera un buen chaparrón de primavera. Nos acercamos al cámping La Puerta, con la esperanza de que este año el río trajese algo de agua…
¿Algo?

Y como lo primero que sucedió fue que Micaela pegó un resbalón de los buenos y se cayó en plancha al agua, pues ¿por qué no seguir adelante?
Y así fue como padre e hija fueron remontando el curso de la corriente (que a veces a Micaela le cubría hasta la cintura) hasta llegar a un cañar, donde el paso se hacía absolutamente imposible.
Vieron un cangrejo de río que corría hacia atrás, una rana, libélulas negras… y un millón de cosas más.

Y encontramos una pelota pinchada para que Llerita tuviese también su ración de juegos.

Y así terminamos nuestro fin de semana: con un buen baño, la cena… ¡y al catre!
