Juan y una tortuga que pasaba por aquí, vistos por Micaela en la pizarra. Juan, que es profesor de Dibujo, lleva un pincel en la mano (en la negra) y un flequillo largo dividido en dos, que aquí se acentúa y se coloca a los lados sin problema, como es propio de la edad de la dibujante; también barba y bigote (azules). No hay simbolismo en la elección de colores, pero sí necesidad de variación; solo hay tres rotuladores de pizarra y suele usarlos todos, por partes o piezas completas.
La tortuga estaba primero y Micaela la planteó como una adivinanza visual (de esas que uno se siente fatal si no adivina; por suerte, no fue el caso). Luego le coloreó el caparazón y le puso orejas «para que pueda oír».
