¿Se puede no educar en casa?

Desde hace tiempo hay abierto en España un tenso debate sobre la legalización del homeschooling en este país; esto es, del derecho de los padres a eucar a sus hijos en casa. Yo no entiendo dónde está el problema en que unos padres escojan el rumbo de la familia, siempre y cuando no resulte perjudicial para nadie, claro está. ¿Acaso alguien se mete en cuánta comida basura se les da a los niños escolarizados? ¿Alguien controla el número de horas que pasan delante del televisor a diario los niños que acuden a la escuela de su barrio? ¿Qué ocurre con las escuelas del Opus Dei, que no son mixtas, por ejemplo, contraviniendo la norma del resto de centros educativos? En resumen: no entiendo cuáles son las razones para prohibir la escolarización en casa pero no otro sinfín de cosas que, a ojos vista, sí les están haciendo daño a los niños. Y ya me parece de una desvergüenza y crueldad grotescas, además de vejatorias, acusar a esos padres de “desamparo”, ni más ni menos.

Pero yo no escribo hoy para reflexionar sobre este tema, sino para ilustrar con una anécdota muy sencilla que es imposible no educar en casa; que lo hagamos de forma consicente o inconsciente ya es otra cuestión, pero los niños siempre están recibiendo educación, allí donde se encuentran.

Esta es una zapatilla de estilo babucha que Micaela me preparó ayer por la mañana, mientras yo guardaba cama por un costipado de caballo. ¿Qué tiene de especial? ¿Veis el planeta? ¿Veis el cometa que impacta contra él? No se trata de una disposición al azar. El cometa es un meteorito que impactó contra la Tierra hace millones de años, provocó una aceleración en el giro de la Tierra  y una inclinación responsable de nuestras maravillosas 4 estaciones.

¿Cómo ha llegado hasta aquí una niña de seis años? No es superdotada, ni la tuve sentada en ninguna silla pegándole el rollo padre. Lo único que sucedió es que por fin terminé un trabajo urgente que hablaba precisamente de todo esto; como estaba yo saturadísima, me puse a girar sobre mi misma en el parque, con los brazos extendidos, haciendo de planeta que acaba de recibir un impacto. ¿Cuánto tardó Micaela en querer ser meteorito para chocar contra el planeta Papi, el planeta Uri y el planeta Mami? ¡Ni dos segundos! Esto sucedió hace un par de semanas. Hoy ha salido en la zapatilla…”¿te has fijado, Mami, en que esto no es cualquier cosa? Es un meteorito que choca –¡patapaaaam!– contra la Tierra y ahora la Tierra da muchas vueltas ¡rum, rum, rum, rum!”

El aprendizaje, la educación, en los niños es como respirar; no hay descanso. Allí donde están, reciben semillas que acabarán germinando. ¿Alguien duda aún de la importancia de poner el mayor cuidado en escoger esas semillas?

¡Feliz semana para todos!

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4 comentarios on “¿Se puede no educar en casa?”

  1. Anina dice:

    Me deja maravillada! No deja de asombrarme la capacidad que tienen para captar las cosas.

    Por cierto que delicia recibir esa muestra de cariño cuando uno esta enfermo. ¿Te la habrás comido a besos, no?

    • Ligoakoma dice:

      ¡Hola Anina!

      La verdad es que me la como a besos cada día. En esta casa falta sitio, puede que falte un poco de orden, pero cariño ya te digo yo que tenemos para dar y regalar… ¡De eso estoy muy orgullosa!
      :)

  2. meninheira dice:

    Preciosa entrada!! me ha encantado, gracias

    Un besiño muy grande
    m*


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